
Saúl Valencia Henao es un tanguero de sentimiento y profesión, quien, al ser preguntado por su edad responde que tiene “todos los años del mundo”. Sin embargo, toma un respiro, levanta su mirada y se acomoda en un alto banco del bar en el que trabaja: “llevo 30 años interpretando tangos con mi voz y otros diez en el bandoneón”, dice esta vez sin temer ser específico.
Mientras tanto, al otro lado de la barra, lo escucha Ricardo Aguacía, quien está haciendo los últimos arreglos al lugar, ya que faltan pocas horas para iniciar el show de los sábados en la noche: momentos instrumentales, sesiones de baile y un par de tangos famosos interpretados por los cantantes del establecimiento. Él es el administrador del lugar en el que Saúl canta todos los fines de semana: La esquina del tango, uno de los sitios más frecuentados por los tangueros de Bogotá. Tiene tan solo 29 años, aún no llega al tercer piso y ya se considera un amante del ritmo de Piazzola. Sin embargo, escuchó un compás en 2×4, por primera vez en su vida el año pasado. Después de 35 años de existencia de este reconocido establecimiento, él ha llegado a administrarlo casi por casualidad, ya que fue recomendado en el año 2007 por alguien que, según lo que él cuenta, “me consideraba una persona responsable”, pero sin una pizca de conocimiento por el ritmo gaucho.
Y como el de Ricardo es, por lo general, el acercamiento de los jóvenes al tango: por casualidad. A pesar de que, si algo sorprende, es la gran afluencia de personas menores de 30 años; Aguacía opina que la primera vez que cada joven asiste es “porque los papás lo obligaron a acompañarlos o porque le están celebrando el cumpleaños a la abuelita”. Sin embargo, el enamoramiento en el que su cerebro cae al escuchar las letras, sus ojos al ver el sensual baile y sus oídos al sentir el 2×4, no corre por cuenta de la casualidad, el tango verdaderamente enamora.
Es el caso de María Fernanda Ríos, una estudiante de noveno grado que, a sus quince años, considera al tango como uno de sus ritmos favoritos. A pesar de que en la emisora de su colegio, suena en los momentos de descanso reguetón o tropipop, María Fernanda opina que hay una clara diferencia que la hizo inclinarse más por el ritmo argentino: “el tango tiene mensaje, tiene sentido, y de eso carecen los ritmos actuales”.
En eso coincide Saúl, quien opina que, a pesar de que muchas casualidades deben darse para que los jóvenes decidan conocer sobre el tango, este ritmo jamás morirá. “El tango sigue vivo, a muchos jóvenes les gusta aprenderlo a bailar o escuchar las letras que les transmiten. Este ritmo y su historia no le son ajenos a la juventud”. Muestras de esto son el sinfín de academias que enseñan a bailar este ritmo y hasta los colegios que han adoptado el tango como una materia opcional para sus estudiantes.
Todo este fenómeno, de más de una generación, es entendible por María Fernanda, quien opina que “cuando se comprende la gran riqueza musical del tango, se aprende a valorarlo como parte de la cultura latinoamericana”. Sin embargo, Saúl va más allá, el tango no es sólo baile, armonía, letras, historia o cultura. Para él, el ritmo por el que murió Gardel, sonará por muchos años más, simplemente porque “el tango es la desnuda filosofía de la vida”. A todos ellos, a pesar de que lo hacen por distintas razones, los une una sola cosa: el amor por un ritmo que lleva más de 50 años vivo en muchos corazones.
Mientras tanto, al otro lado de la barra, lo escucha Ricardo Aguacía, quien está haciendo los últimos arreglos al lugar, ya que faltan pocas horas para iniciar el show de los sábados en la noche: momentos instrumentales, sesiones de baile y un par de tangos famosos interpretados por los cantantes del establecimiento. Él es el administrador del lugar en el que Saúl canta todos los fines de semana: La esquina del tango, uno de los sitios más frecuentados por los tangueros de Bogotá. Tiene tan solo 29 años, aún no llega al tercer piso y ya se considera un amante del ritmo de Piazzola. Sin embargo, escuchó un compás en 2×4, por primera vez en su vida el año pasado. Después de 35 años de existencia de este reconocido establecimiento, él ha llegado a administrarlo casi por casualidad, ya que fue recomendado en el año 2007 por alguien que, según lo que él cuenta, “me consideraba una persona responsable”, pero sin una pizca de conocimiento por el ritmo gaucho.
Y como el de Ricardo es, por lo general, el acercamiento de los jóvenes al tango: por casualidad. A pesar de que, si algo sorprende, es la gran afluencia de personas menores de 30 años; Aguacía opina que la primera vez que cada joven asiste es “porque los papás lo obligaron a acompañarlos o porque le están celebrando el cumpleaños a la abuelita”. Sin embargo, el enamoramiento en el que su cerebro cae al escuchar las letras, sus ojos al ver el sensual baile y sus oídos al sentir el 2×4, no corre por cuenta de la casualidad, el tango verdaderamente enamora.
Es el caso de María Fernanda Ríos, una estudiante de noveno grado que, a sus quince años, considera al tango como uno de sus ritmos favoritos. A pesar de que en la emisora de su colegio, suena en los momentos de descanso reguetón o tropipop, María Fernanda opina que hay una clara diferencia que la hizo inclinarse más por el ritmo argentino: “el tango tiene mensaje, tiene sentido, y de eso carecen los ritmos actuales”.
En eso coincide Saúl, quien opina que, a pesar de que muchas casualidades deben darse para que los jóvenes decidan conocer sobre el tango, este ritmo jamás morirá. “El tango sigue vivo, a muchos jóvenes les gusta aprenderlo a bailar o escuchar las letras que les transmiten. Este ritmo y su historia no le son ajenos a la juventud”. Muestras de esto son el sinfín de academias que enseñan a bailar este ritmo y hasta los colegios que han adoptado el tango como una materia opcional para sus estudiantes.
Todo este fenómeno, de más de una generación, es entendible por María Fernanda, quien opina que “cuando se comprende la gran riqueza musical del tango, se aprende a valorarlo como parte de la cultura latinoamericana”. Sin embargo, Saúl va más allá, el tango no es sólo baile, armonía, letras, historia o cultura. Para él, el ritmo por el que murió Gardel, sonará por muchos años más, simplemente porque “el tango es la desnuda filosofía de la vida”. A todos ellos, a pesar de que lo hacen por distintas razones, los une una sola cosa: el amor por un ritmo que lleva más de 50 años vivo en muchos corazones.

Me encanta el tema... bailo tasngo desde pequeña y adoro su sensualidad y los temas que tocan en las letras!
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